jueves 18 de junio de 2009

El curioso impertinente LXXI: Hombres de palabra ©

............Hay libros perniciosos; y no me refiero únicamente a las obviedades falsarias de costumbre, las discriminatorias e injustas o las de camisa de fuerza, sino también a algo trivial, a las necedades pueriles que se incluyen en el zurrón de la insensatez con las gordas. Así, los papaítos de textos absurdos y mentirosos sobre las plagas de Kapuściński y aledaños, con frecuencia intolerantes, deberían descubrir su obra en los últimos anaqueles del rincón más sombrío de una biblioteca, en volúmenes olvidados y polvorientos, bien próximos a otras publicaciones insustanciales y acientíficas.
............Sé de un libro que circula por ahí sobre técnicas de seducción para hombretones heterosexuales, como si las mujeres fuesen simples máquinas expendedoras en las que se introduce una moneda, se pulsa un botón y se consigue al momento el producto deseado, todas de carácter similar o de escasas categorías y, por ende, de reacciones e ideas paupérrimas. Se me antoja muy curioso que algunas lo hayan hojeado y declaren que ya advierten el motivo de ciertos comportamientos varoniles, es decir, su actitud reduccionista y vidriosa es igual que la del autor de ese librajo inútil.
............Un compañero de estudios no superiores, que sólo se desprendía de sus auriculares y dejaba de escuchar canciones horribles, música ratonera, y de engullir gusanitos en mitad de la lección para asegurarse de que Nietzsche fue creyente y conceptualista, atacando mis nervios, se lo leyó cinco veces y, si bien la obra picaresca imprescindible le resulta “un tocho” con menos de un centenar de páginas, se ve que no había obtenido los frutos convenientes las cuatro primeras. Desconozco, no obstante, si aprendió de ese manual una de sus rutinas preferidas de ligue, según parece: yuxtaponer su porte difícil de forma chulesca al de una muchacha y preguntarle si querría que le hiciese un hijo. Pero tal como se han desarrollado los acontecimientos, con un buen penalti sin bodorrio a los tres meses de la quinta y vencida y aquí paz y después gloria, podemos convencernos sin temor a equivocarnos de que es, y muchos más, me figuro, un hombre de palabra.


............(9002 ǝp oıunɾ ǝp 81 'ɐíp l,ɐn)

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Otra solución, quizás la peor:
Las mujeres amantes de centros comerciales y adictas a la telepantalla, efectivamente responden a los torpes estímulos que aconseja el folletín ése del que habla usted.
Entonces lo que tenemos es un manual de instrucciones...
De todos modos, confío en que todavía hay mujeres que no son como máquinas y que no entienden las estupideces que pueda decir ese libro, mujeres en las que seguramente pensó al escribir esta entrada.

Saludos.
Bernardo M.

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