............Los buenos escritores son los mentirosos más grandes del mundo, versados en manipulación, entusiastas del artificio, linces faranduleros, maniáticos de las travesuras léxicas, capaces de persuadirnos para tragar la píldora de cualquier antojo, de que olvidemos por un rato lo que nos circunda y que nos resulte más irreal que su invención; y no importa que sean prosistas o versificadores, pues nada impide mentir en verso.
............Bécquer se ajusta al arquetipo de buen poeta mendaz, alejado de la teoría expresiva romántica, aún mimesis pero concediendo voz a la naturaleza propia, sutil en su caso, sin atavíos, sencilla, rotunda, como las acciones intencionales de Drummond, de los versos que aguardan a ser escritos. El poeta finge según Pessoa, y a fe que Bécquer lo hacía: su literatura, natural en un alma cándida, vehemente, sufrida y amorosa, era, no obstante, la de un hombre pragmático, alcohólico, epicúreo de burdel que despreciaba a las mujeres; pero además hábil, creativo, porfiado lector y aprendiz, moderno, paradójico y desconcertante.
............Hay quien rehúsa aceptarlo y arguye con testarudez que un poeta no puede ir contra sí mismo, que lo engañoso en lírica se percibe, como si el disimulo, la interpretación, la hipocresía y la fábula eficaz fuesen inventos de un perturbado y los poetas tuvieran el compromiso inexcusable de componer estrofas sobre lo que viven: el calamitoso hábito de no admitir la realidad. No se debe sostener una tesis relativa a una figura literaria partiendo de una generalización a priori de cómo ha de ser un poeta: el vínculo antipático de la obra de Bécquer con su biografía no admite incredulidades. La escritura es una técnica para expresar cualquier sensación o pensamiento, seleccionando las palabras y el orden de las mismas del modo conveniente, y el matiz de un escrito se lo juega más uno por su a
ptitud, práctica y voluntad que por ninguna otra cosa. No es imprescindible el candor para componer un buen soneto amoroso, y en consecuencia, Bécquer pudo escribir los poemas de un obnubilado sin serlo, de la misma forma que no le fue indispensable a Juan Ramón Jiménez no vivir como un maníaco-depresivo para susurrar ternuras sobre Platero, a John Kennedy Toole ser un cínico desquiciado para describir la extravagancia de Ignatius Reilly o a Cervantes, un justiciero loco e incorregible, para poner facundia en boca de don Quijote. Si no se advierte esto, en la vida se descifrará la ficción poética.
............En cuanto a mí, no soy Bécquer, habitual de casas públicas ni inseparable del licor, sino un pololo satisfecho y feliz, no por agenciarme hojas en abundancia, que comprende cómo ha de beber sin agarrar tablones, y un cero a la izquierda en poesía; aunque tampoco debéis tragaros ni una sola palabra de lo que digo.
............(El Vicent, 10 de diciembre de 2008)
............Bécquer se ajusta al arquetipo de buen poeta mendaz, alejado de la teoría expresiva romántica, aún mimesis pero concediendo voz a la naturaleza propia, sutil en su caso, sin atavíos, sencilla, rotunda, como las acciones intencionales de Drummond, de los versos que aguardan a ser escritos. El poeta finge según Pessoa, y a fe que Bécquer lo hacía: su literatura, natural en un alma cándida, vehemente, sufrida y amorosa, era, no obstante, la de un hombre pragmático, alcohólico, epicúreo de burdel que despreciaba a las mujeres; pero además hábil, creativo, porfiado lector y aprendiz, moderno, paradójico y desconcertante.
............Hay quien rehúsa aceptarlo y arguye con testarudez que un poeta no puede ir contra sí mismo, que lo engañoso en lírica se percibe, como si el disimulo, la interpretación, la hipocresía y la fábula eficaz fuesen inventos de un perturbado y los poetas tuvieran el compromiso inexcusable de componer estrofas sobre lo que viven: el calamitoso hábito de no admitir la realidad. No se debe sostener una tesis relativa a una figura literaria partiendo de una generalización a priori de cómo ha de ser un poeta: el vínculo antipático de la obra de Bécquer con su biografía no admite incredulidades. La escritura es una técnica para expresar cualquier sensación o pensamiento, seleccionando las palabras y el orden de las mismas del modo conveniente, y el matiz de un escrito se lo juega más uno por su a
ptitud, práctica y voluntad que por ninguna otra cosa. No es imprescindible el candor para componer un buen soneto amoroso, y en consecuencia, Bécquer pudo escribir los poemas de un obnubilado sin serlo, de la misma forma que no le fue indispensable a Juan Ramón Jiménez no vivir como un maníaco-depresivo para susurrar ternuras sobre Platero, a John Kennedy Toole ser un cínico desquiciado para describir la extravagancia de Ignatius Reilly o a Cervantes, un justiciero loco e incorregible, para poner facundia en boca de don Quijote. Si no se advierte esto, en la vida se descifrará la ficción poética.............En cuanto a mí, no soy Bécquer, habitual de casas públicas ni inseparable del licor, sino un pololo satisfecho y feliz, no por agenciarme hojas en abundancia, que comprende cómo ha de beber sin agarrar tablones, y un cero a la izquierda en poesía; aunque tampoco debéis tragaros ni una sola palabra de lo que digo.
............(El Vicent, 10 de diciembre de 2008)


























2 comentarios:
SINCERAMENTE,ESCRIBES , BIÉN, PERO ERES DE UN ''PESADITO'
QUE SE PUÉ AGUANTÁ¡¡¡
Feliz Navidad Cesar, que tengas un año 2009 donde se cumplan la malloria de tus deseos.
Besos
Publicar un comentario en la entrada