............El descubrimiento de la literatura resultó para mí algo tan trascendente que abandoné los juegos infantiles a edad temprana: dejé a un lado monigotes, chisgarabises y polichinelas y, entre otros asuntos de índole afín, me consagré a devorar los libros que llegaban a mis manos. Era un mundo nuevo, cautivador e inacabable, en el que podía combatir a los felones Pistolete y Comadreja a lo largo de la quilla, por ejemplo; y en la época en que ese cosmos inabarcable fue mutando hacia caracteres más peliagudos y, en consecuencia, más placenteros, tuve ocasión de maravillarme con las sabrosas ambiciones de Vetusta, o con el comienzo y el fin de Macondo y los Buendía, entre otras hazañas.............Aún me queda vagabundear lo mío entre los estantes polvorientos del mundo de la literatura; y si les parece bien, hagámoslo de la mano: compartir tal vivencia se me antoja de lo más estimulante.
............(El Lector Sin Prisas, 6 de noviembre de 2007)

























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