miércoles 1 de noviembre de 2006

Memorias de un cinéfilo XV: Las pesadillas de Darwin ©

............Últimamente, voy de susto en susto. No sólo he tenido que hacer frente a ciertos artículos de Christopher Hitchens o de Juan Manuel de Prada y realizar ejercicios de respiración tras enterarme del mensaje que Llamazares envió al Gobierno de Cuba deseando la pronta mejoría de Castro, sino que he llegado a temer por mi salud mental gracias a un dictamen expelido por los feudos intelectuales (y disculpad el oxímoron) del Vaticano: Benedicto XVI, también conocido como Ratzinger Z o El Papa Panzer, ha dicho que la teoría de la evolución es irracional. Así, a bocajarro; con un par. Darwin estará revolviéndose en su tumba, allá en Westminster; no como San Pedro, primer ostentador del cargo de semejante piquito de oro, que debe de lucir una sonrisa bien amplia en su blanca calavera, hállese donde se halle (en la colina vaticana, creo; la piedra donde se edificó la Iglesia); el mismo signo de satisfacción de que harán gala las huestes de angelotes allá en el Cielo católico, entes divinos en los que sí que es racional creer; de verdad de la buena. Una paja inexistente en ojo ajeno y una viga monstruosa en el propio.
............A causa de una circunstancia fortuita, poco después de la inestimable declaración del Papa, tuve el orgullo de sentarme a ver La herencia del viento, película de Stanley Kramer basada en la obra de Jerome Lawrence y Robert E. Lee, que cuenta la historia de un profesor de Biología juzgado por enseñar a sus alumnos la teoría de la evolución en Hillsboro, un pequeño pueblo ficticio de Tennessee. Hace varias semanas dije que ningún filme había conseguido entusiasmarme desde V de Vendetta; pues bien, tras Elephant, de Gus van Sant, el clásico de Kramer lo ha logrado sin tan siquiera despeinarse. Todo el mundo debería ver este alegato contra el fanatismo religioso y la intolerancia, habitado por personajes enteros, profundos y carismáticos, ennoblecido con las interpretaciones de Spencer Tracy y Fredric March en un duelo de actores que no se olvida; un filme al que atraviesa el humor irónico e inteligente de Hornbeck, tipo con mucha labia de quien actúa un grandioso Gene Kelly; y con una última escena simbólica que llama a la concordia. No obstante, hasta que se atienda esa llamada, permitidme deciros que el titular de un periódico leído en la película es una robusta descripción de la pesadilla que supondría para Darwin, y para cualquiera con sentido común, sucesos como el relatado en la misma: “Hillsboro, un agujero en la cabeza o la cabeza en un agujero”.
............Pero éste no sería el único mal sueño de Darwin: Hubert Sauper realizó en 2004 un documental sobre el comercio de la perca del Nilo, pez que alguien introdujo en el lago Victoria, cuya región es considerada la cuna de la humanidad —chupaos ésa, creacionistas—. Tal pez es un depredador responsable del exterminio de doscientas especies de cíclidos del lago, esenciales para su salud y vitalidad, lo que ha dado origen a la desoxigenación de sus aguas y a la certidumbre de que el Victoria termine sus días como un triste páramo. Sauper recorre una Tanzania devastada por la miseria, el hambre y el sida, y muestra la obscena paradoja de un país que vende su pescado al Primer Mundo mientras el pueblo muere de inanición, y cómo los aviones que transportan las percas para consumo europeo llegan a África cargados de armas que se utilizan en las peores masacres desde la Segunda Guerra Mundial.
............El Gobierno de Tanzania reaccionó virulentamente contra La pesadilla de Darwin, intimidando con amenazas a quienes participaron en ella; y Austria presentó una protesta diplomática. No es de extrañar: parafraseando a Wilde, se ve que a algunos les molesta que les enseñen su propia vergüenza; nuestra propia vergüenza.


............(El Vicent y La Chuleta, 1 de noviembre de 2006)
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