............El que fuera máximo responsable de Defensa, José Bono, se ha pronunciado sobre la nueva huelga de hambre del etarra De Juana Chaos, diciendo que “la pena es que no lo hubiera hecho antes de matar a veinticinco inocentes”. Suscribo las palabras del ex dignatario de mi yerma tierra. Pero yo quería hablaros de amor; no del manifiesto amor al prójimo del terrorista —sólo si el prójimo es el tipo de vasco que a él y a sus acólitos asesinos les conviene, claro—, ni el amor del antiguo consistorio marbellí por el dinero o el que una alumna de la Miguel Hernández siente por sus uñas —hasta tal punto que parece experimentar un deseo irrefrenable de pintárselas en clase—, sino del amor pleno de pareja, ése que los psicólogos describen como aquél cuyos contenidos esenciales son la pasión y la intimidad, no necesariamente sin compromiso, lleno de aspectos emocionales y de comunicación, todo ello en grado prominente.
............El cine, como buen antropófago, se ha nutrido de este asunto infinidad de veces, brindándonos películas tan sabrosas como Largo domingo de noviazgo, Leyendas de pasión, El hombre tranquilo y Doctor Zhivago; o tan infames como El otro lado de la cama, Mujeres al borde de un ataque de nervios, West Side Story y La reina de África. Algunas, no de las anteriores, son peligrosas en el mismo sentido que Hable con ella, y me explico: cualquier cineasta, si es competente, dispone de los recursos necesarios para insuflar al espectador las emociones que toca en cada momento durante el visionado de su obra; pero si además de ser competente, se revela como un tramposo que utiliza esos recursos para desencadenar emociones reprochables, sus trabajos pueden ser, como digo, peligrosos. Así, corremos el riesgo de identificarnos emocionalmente con el violador de la película de Almodóvar olvidando que lo es, o ver Love Actually, de Richard Curtis, y llegar al desenlace con cara de regocijada imbecilidad, pasando por alto “la búsqueda a cualquier precio de la adhesión sentimental del respetable (…), aunque se cargue por el camino cualquier asomo de verosimilitud”, palabras de Mirito Torreiro.
............El amor no es siempre un camino de rosas como gran parte del cine pretende que creamos, ni nuestra pareja bebería los vientos por nosotros en cualquier situación. Si me permitís que exagere, Hollywood ha hecho más daño con
sus mentiras que todos los gobernantes de la Tierra juntos: del mismo modo en que las cosas no tienen por qué salir bien o que nuestros seres queridos moribundos no sueltan afectuosas parrafadas de consuelo justo antes de diñarla, el amor no es algo puro e incondicional, sino que se muestra enorme en su crudeza de vez en cuando, con dudas enfermizas que nos asaltan sin razón de ser en un círculo vicioso, y no por causas externas al individualismo sentimental.
............Debido a ello, juzgo conveniente balancear el cine con obras tan sinceras como Eyes Wide Shut, de Kubrick, según Carlos Boyero, “fascinante, dura, agresiva, perturbadora”; El fin del romance, de Neil Jordan, “hermosa película sobre los celos” desde la óptica de Javier Ocaña; Closer, de Mike Nichols, de la que Francisco Marinero señaló que es “un drama pasional insólito (…) y por ello mismo de una rara credibilidad”, con una “profunda verosimilitud de los sentimientos”; parte de Cuando un hombre ama a una mujer, de Luis Mandoki, hasta que al final, con perdón, la caga, como opina Luis Martínez: “El esfuerzo por torcer el drama hasta despeñarlo en un final feliz —tan falso como un billete de madera— acaba por arruinarlo todo”; y Mientras nieva sobre los cedros, de Scott Hicks, “bello melodrama solemne” con un “elaboradísimo guión”, que dijo el fallecido Ángel Fernández Santos.
............El cine, mi querida Sarah, es la fábrica de sueños por excelencia; y como tal, en la mayoría de las ocasiones, de flagrantes mentiras.
............(El Vicent, 22 de noviembre de 2006)
............El cine, como buen antropófago, se ha nutrido de este asunto infinidad de veces, brindándonos películas tan sabrosas como Largo domingo de noviazgo, Leyendas de pasión, El hombre tranquilo y Doctor Zhivago; o tan infames como El otro lado de la cama, Mujeres al borde de un ataque de nervios, West Side Story y La reina de África. Algunas, no de las anteriores, son peligrosas en el mismo sentido que Hable con ella, y me explico: cualquier cineasta, si es competente, dispone de los recursos necesarios para insuflar al espectador las emociones que toca en cada momento durante el visionado de su obra; pero si además de ser competente, se revela como un tramposo que utiliza esos recursos para desencadenar emociones reprochables, sus trabajos pueden ser, como digo, peligrosos. Así, corremos el riesgo de identificarnos emocionalmente con el violador de la película de Almodóvar olvidando que lo es, o ver Love Actually, de Richard Curtis, y llegar al desenlace con cara de regocijada imbecilidad, pasando por alto “la búsqueda a cualquier precio de la adhesión sentimental del respetable (…), aunque se cargue por el camino cualquier asomo de verosimilitud”, palabras de Mirito Torreiro.
............El amor no es siempre un camino de rosas como gran parte del cine pretende que creamos, ni nuestra pareja bebería los vientos por nosotros en cualquier situación. Si me permitís que exagere, Hollywood ha hecho más daño con
sus mentiras que todos los gobernantes de la Tierra juntos: del mismo modo en que las cosas no tienen por qué salir bien o que nuestros seres queridos moribundos no sueltan afectuosas parrafadas de consuelo justo antes de diñarla, el amor no es algo puro e incondicional, sino que se muestra enorme en su crudeza de vez en cuando, con dudas enfermizas que nos asaltan sin razón de ser en un círculo vicioso, y no por causas externas al individualismo sentimental.............Debido a ello, juzgo conveniente balancear el cine con obras tan sinceras como Eyes Wide Shut, de Kubrick, según Carlos Boyero, “fascinante, dura, agresiva, perturbadora”; El fin del romance, de Neil Jordan, “hermosa película sobre los celos” desde la óptica de Javier Ocaña; Closer, de Mike Nichols, de la que Francisco Marinero señaló que es “un drama pasional insólito (…) y por ello mismo de una rara credibilidad”, con una “profunda verosimilitud de los sentimientos”; parte de Cuando un hombre ama a una mujer, de Luis Mandoki, hasta que al final, con perdón, la caga, como opina Luis Martínez: “El esfuerzo por torcer el drama hasta despeñarlo en un final feliz —tan falso como un billete de madera— acaba por arruinarlo todo”; y Mientras nieva sobre los cedros, de Scott Hicks, “bello melodrama solemne” con un “elaboradísimo guión”, que dijo el fallecido Ángel Fernández Santos.
............El cine, mi querida Sarah, es la fábrica de sueños por excelencia; y como tal, en la mayoría de las ocasiones, de flagrantes mentiras.
............(El Vicent, 22 de noviembre de 2006)

























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