............Siempre se me ha antojado ridículo, de chacota e indignación, que algunos adalides de la moral, tan conocedores de los menesteres sexuales como los que juran abstinencia y celibato, dicten la forma en que ha de obrar el resto en el catre con sus páginas enloquecidas de orientación. Otros, si bien catalogan únicamente desde el prejuicio cognitivo y la más negra incultura, podrían darles la mano como devotos de la estrechez. Por ello, permítanme que les arroje unas cuantas verdades retozonas al hocico, de las adquiridas a través del método de la ciencia, que con sus observaciones, el desarrollo de la inducción, las hipótesis, los experimentos o el análisis crítico, las tesis y las antítesis, es el único que se ha demostrado eficaz para conseguir conocimientos sólidos, y a la vista se hallan sus aplicaciones, el dedito en la úlcera, por lo que voy a sacudirme de la chepa cualquier otra doctrina sobre sexualidad, a remangarme y decir que las personas tienen sexo y no género, y n
o hay que confundirlo con la identidad ni la tendencia sexual o equipararlo a la función reproductiva por incorrecto y pusilánime: somos hombres y mujeres con una herencia genética y una construcción identitaria y social de nuestro sexo, unas inclinaciones sexuales que no elegimos, que se pueden trasponer y revolverse a lo largo de la vida y que no guardan relación con la aptitud de procrear porque nuestra inteligencia nos permite autonomía en ambas cosas; los conflictos de identidad sexual son fenómenos para los que aún no se dispone de una terapéutica efectiva, por lo que se recurre a las operaciones de cambio de sexo en una componenda drástica para suprimir la contradicción entre cuerpo y mente, que se localiza en ésta, y eliminar así la angustia, lo que de ningún modo ha de suponer maltrato, faltas de respeto ni discriminación; la pureza en las inclinaciones es insólita: hay una escala entre los extremos de conductas heterosexuales y homosexuales, y la equidistancia se nos antoja muy sorprendente; homosexualidad no es sinónimo de afeminamiento o marimachismo ni tiene correspondencia alguna con el abuso infantil; los que asumen una orientación sexual ajena a la mayoritaria no son promiscuos ‘per se’ ni les atrae todo lo que se mueve; la masturbación es salud, no sustituye a las relaciones a dúo ni hay motivos para dejarla cuando estas son habituales, no provoca esterilidad, disfunción eréctil a largo plazo, ceguera ni acné, no todo el mundo se masturba pero sí la mayoría y las mujeres lo hacen tanto como los hombres; carecer de himen o no sangrar en el coito primero no implica que una moza no sea virgen antes del mismo, pues la solidez de membrana vaginal varía, hay muchas mujeres que nacen sin ella o es posible que se les rompa en circunstancias tan banales como el deporte, un trompazo o incluso el onanismo; el sexo no tiene por qué girar en torno a la penetración ni esta resulta siempre ineludible, y el concepto de virginidad sólo se asocia a la misma en parejas heterosexuales; no es conveniente que la que simpatice con el paripé aguarde a la noche de bodas para liquidar el virgo porque los nervios, la tensión y el estrés provocados por la fiesta se unen a los de tal perspectiva y no favorecen la relajación necesaria para un coito satisfactorio; los jóvenes emparejados o solteros echan un quiqui si pueden y lo desean, incluso los menores de edad, así que sus padres deberían asumirlo de una vez; en la costumbre sexual más común entre los homosexuales no participa el ano, sino la boca; los individuos célibes o que se consagran a la abstinencia viven menos: si se elimina una función biológica tan importante, resulta absurdo pretender que sea algo sano ni siquiera psíquicamente; tomarse la temperatura basal, el método Ogino-Knaus, los lavados vaginales y el ‘coitos interruptus’, también conocido como “marcha atrás”, no son eficaces para la anticoncepción en absoluto; los condones tienen más de cinco mil años; la píldora del día después no produce un aborto porque únicamente inhibe la suelta ovular y trastorna la disposición motriz de los espermatozoides, no frustra que el endometrio albergue un cigoto, lo que tarda una semana en ocurrir; y la anticonceptiva no causa esterilidad ni engorda, el surtido es hoy variado y suave, y cada chica solo ha de encontrar la suya, la que le venga mejor para librarse de efectos secundarios indeseados; los consumidores y las consumidoras de pornografía no son pervertidos ni obsesos sexuales, tampoco los que emplean juguetes o ponen en práctica determinadas fantasías, pues todo ello forma parte de la normalidad sexual y le suma riqueza y diversión al asunto si hay acuerdo entre los implicados; casi todas las parafilias no son malsanas con moderación y si los que las practican también disfrutan de relaciones sexuales corrientes; los hombres pensamos más en sexo por imperativo biológico, lo que no significa que uno sea simplón ni que lo desee más que una mujer, y nos excitamos en mayor medida visualmente, mientras ellas son más excitables por el tacto; los afrodisíacos no existen. Y que continúen santiguándose y farfullando votos y porvidas los represores, tiranuelos y enemigos de la verdad, bocas de la involución, escollo para el adelanto y lastre del mundo; que sigan los golpes en el tórax de los machitos alfa, el uso de la realidad sexual para burlas y humillaciones y las referencias a putillas y mariconazos, el desdén de las mujeres arrogantes e hipocritonas y los alborotos de las locazas histéricas; que no decline el sexo sin anticonceptivos ni la idiotez de las venerables o del embarazo inopinado. Si no se contara con sus aportaciones y su denodada oposición, la mejora de la sociedad tendría bastante menos mérito.
o hay que confundirlo con la identidad ni la tendencia sexual o equipararlo a la función reproductiva por incorrecto y pusilánime: somos hombres y mujeres con una herencia genética y una construcción identitaria y social de nuestro sexo, unas inclinaciones sexuales que no elegimos, que se pueden trasponer y revolverse a lo largo de la vida y que no guardan relación con la aptitud de procrear porque nuestra inteligencia nos permite autonomía en ambas cosas; los conflictos de identidad sexual son fenómenos para los que aún no se dispone de una terapéutica efectiva, por lo que se recurre a las operaciones de cambio de sexo en una componenda drástica para suprimir la contradicción entre cuerpo y mente, que se localiza en ésta, y eliminar así la angustia, lo que de ningún modo ha de suponer maltrato, faltas de respeto ni discriminación; la pureza en las inclinaciones es insólita: hay una escala entre los extremos de conductas heterosexuales y homosexuales, y la equidistancia se nos antoja muy sorprendente; homosexualidad no es sinónimo de afeminamiento o marimachismo ni tiene correspondencia alguna con el abuso infantil; los que asumen una orientación sexual ajena a la mayoritaria no son promiscuos ‘per se’ ni les atrae todo lo que se mueve; la masturbación es salud, no sustituye a las relaciones a dúo ni hay motivos para dejarla cuando estas son habituales, no provoca esterilidad, disfunción eréctil a largo plazo, ceguera ni acné, no todo el mundo se masturba pero sí la mayoría y las mujeres lo hacen tanto como los hombres; carecer de himen o no sangrar en el coito primero no implica que una moza no sea virgen antes del mismo, pues la solidez de membrana vaginal varía, hay muchas mujeres que nacen sin ella o es posible que se les rompa en circunstancias tan banales como el deporte, un trompazo o incluso el onanismo; el sexo no tiene por qué girar en torno a la penetración ni esta resulta siempre ineludible, y el concepto de virginidad sólo se asocia a la misma en parejas heterosexuales; no es conveniente que la que simpatice con el paripé aguarde a la noche de bodas para liquidar el virgo porque los nervios, la tensión y el estrés provocados por la fiesta se unen a los de tal perspectiva y no favorecen la relajación necesaria para un coito satisfactorio; los jóvenes emparejados o solteros echan un quiqui si pueden y lo desean, incluso los menores de edad, así que sus padres deberían asumirlo de una vez; en la costumbre sexual más común entre los homosexuales no participa el ano, sino la boca; los individuos célibes o que se consagran a la abstinencia viven menos: si se elimina una función biológica tan importante, resulta absurdo pretender que sea algo sano ni siquiera psíquicamente; tomarse la temperatura basal, el método Ogino-Knaus, los lavados vaginales y el ‘coitos interruptus’, también conocido como “marcha atrás”, no son eficaces para la anticoncepción en absoluto; los condones tienen más de cinco mil años; la píldora del día después no produce un aborto porque únicamente inhibe la suelta ovular y trastorna la disposición motriz de los espermatozoides, no frustra que el endometrio albergue un cigoto, lo que tarda una semana en ocurrir; y la anticonceptiva no causa esterilidad ni engorda, el surtido es hoy variado y suave, y cada chica solo ha de encontrar la suya, la que le venga mejor para librarse de efectos secundarios indeseados; los consumidores y las consumidoras de pornografía no son pervertidos ni obsesos sexuales, tampoco los que emplean juguetes o ponen en práctica determinadas fantasías, pues todo ello forma parte de la normalidad sexual y le suma riqueza y diversión al asunto si hay acuerdo entre los implicados; casi todas las parafilias no son malsanas con moderación y si los que las practican también disfrutan de relaciones sexuales corrientes; los hombres pensamos más en sexo por imperativo biológico, lo que no significa que uno sea simplón ni que lo desee más que una mujer, y nos excitamos en mayor medida visualmente, mientras ellas son más excitables por el tacto; los afrodisíacos no existen. Y que continúen santiguándose y farfullando votos y porvidas los represores, tiranuelos y enemigos de la verdad, bocas de la involución, escollo para el adelanto y lastre del mundo; que sigan los golpes en el tórax de los machitos alfa, el uso de la realidad sexual para burlas y humillaciones y las referencias a putillas y mariconazos, el desdén de las mujeres arrogantes e hipocritonas y los alborotos de las locazas histéricas; que no decline el sexo sin anticonceptivos ni la idiotez de las venerables o del embarazo inopinado. Si no se contara con sus aportaciones y su denodada oposición, la mejora de la sociedad tendría bastante menos mérito.






























